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La Casa de la Cultura

Por: jstorres
Publicado el: Noviembre 2018
El 4 de marzo de 1966 Santiago García, Carlos José Reyes, Eduardo Gómez y Fernando Laverde, reunidos en la Biblioteca Luis Ángel Arango, explicaron a la prensa las motivaciones para la creación de la Casa de la Cultura de Bogotá.

Por Carmen Alicia Florián Navas

El 4 de marzo de 1966 Santiago García, Carlos José Reyes, Eduardo Gómez y Fernando Laverde, reunidos en la Biblioteca Luis Ángel Arango, explicaron a la prensa las motivaciones para la creación de la Casa de la Cultura de Bogotá.

Entre otras razones, señalaban el creciente interés del público en las actividades culturales y la falta de “locales apropiados donde los artistas [pudieran] llevar las diversas manifestaciones hacia las gentes: donde sus esfuerzos y aspiraciones se [cristalizaran] en hechos reales y donde sus obras [pudieran] ser conocidas, admiradas y criticadas”. Dicha reunión fue el acto de nacimiento del Teatro La Candelaria, institución que a lo largo de 46 años ha estado empeñada en la construcción de un proceso creativo propio, que parte de la investigación para expresar el punto de vista de sujetos invisibilizados por la historia oficial.

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Una casa para la cultura

La Casa de la Cultura funcionó inicialmente en el edificio ubicado en la carrera 13 nº 20-54, sede inaugurada el 15 de junio de 1966 con una muestra de dibujos de Pedro Alcántara Herrán. La programación semanal incluía: conferencias los lunes y martes, conciertos los miércoles, cine los jueves y viernes, y teatro los sábados y domingos. Hubo también exposiciones de pintura, fotografía y seminarios de apreciación artística. Cada actividad estaba a cargo de un comité especial: el de teatro fue dirigido por Carlos José Reyes, el de cine por Roberto Álvarez, el de música por Mario Posada y Frank Preuss, el de artes plásticas por Nirma Zárate y el de conferencias por Miguel Sánchez.

Hicieron parte de la administración de la Casa: Santiago García (Presidente), Jaime Guillén (Vicepresidente); María Arango (Revisora Fiscal); Fernando Contreras (Secretario General); María del Rosario Ortiz (Tesorera); Rafael Murillo (Secretario de Propaganda); Álvaro Leal Gamboa (Secretario de Relaciones Públicas); Carlos José Reyes, Fernando Laverde, Mario Posada, Nirma Zárate y Miguel Sánchez (vocales); Celmira Yepes, Roberto Álvarez, Frank Preuss, Jacques Mosser y Eduardo Gómez (vocales suplentes). Según Santiago García, la Casa sería “un albergue para todas las corrientes modernas del pensamiento.”, puesto que se trataba de propiciar la comunicación entre los artistas y de estos con el público.

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Los costos de sostenimiento fueron cubiertos con cuotas aportadas por los Amigos de la Casa de la Cultura, con el dinero recaudado por el ingreso a algunas de las funciones, y principalmente con las donaciones de empresarios, intelectuales o políticos a los que se aclaraba, antes de ser aceptados como benefactores, que no se aceptaría ninguna condición ni influencia ideológica. Desde el comienzo, Santiago García descartó la “oficialización” de la Casa y señaló que posteriormente se pediría al gobierno un auxilio económico, que no implicara ceder en su propósito de convertirse en un centro de libre expresión.

La primera obra que se llevó a escena en la Casa de la Cultura, fue Soldados, basada en la adaptación de un capítulo de la novela La Casa Grande, de Álvaro Cepeda Samudio, dirigida por Carlos José Reyes y estrenada el 30 de junio de 1966, con comentarios muy favorables de la prensa. Durante la inauguración, Carlos José Reyes anunció que la actividad teatral en la Casa de la Cultura no estaría dedicada solamente al pequeño grupo que asistía a las actividades culturales en Bogotá, sino que estaría dirigida a todos los públicos, especialmente a estudiantes, obreros, empleados y miembros de los sindicatos a quienes se ofrecía un precio cómodo de “tres pesos” en los pre-estrenos.

En septiembre de 1966, la Casa de la Cultura organizó el Primer Festival de Teatro de Cámara, financiado con los recursos obtenidos en un desfile de modas ideado por Patricia Ariza y Peggy Kielland, en el que mostraban diseños extravagantes, realizados por reconocidos artistas colombianos. En la tarea de promover la comunicación con otros grupos del país, Santiago García viajó a Cali y permaneció allí dos meses montando la obra La trampa, con el grupo Teatro Escuela de Cali (TEC); y por su parte, Enrique Buenaventura estuvo en Bogotá dictando una serie de conferencias sobre teatro, tendientes a la organización de la escuela de arte escénico de la Casa de la Cultura, con la que montó Macbeth de Shakespeare en versión libre.

Una nueva sede

En el segundo año de actividades, los miembros de la Casa de la Cultura adeudaban seis meses de arrendamiento a Julio Mario Santodomingo, dueño del predio en donde funcionaba la sede. Gracias a la mediación de Marta Traba, el empresario eximió al grupo del pago de la obligación con la condición de que desocuparan el local. Santiago García relata que buscando un lugar para trasladarse encontró en el sector de La Candelaria una casa barata, y para comprarla, acudió a la oficina de Álvaro Gómez Hurtado, político conservador que asistía con frecuencia a la Casa de la Cultura.

Gómez Hurtado contactó al concejal Gabriel Melo Guevara, quien en agosto de 1968 presentó ante el Concejo de Bogotá un proyecto que fue aprobado como Acuerdo 44 de 1968, mediante el cual se le concedió a la Fundación Casa de la Cultura un auxilio de $300.000. Por su parte, la Casa quedó obligada a hacer 12 representaciones gratuitas cada año, hasta el 31 de diciembre de 1977. Con el aporte del Concejo el grupo adquirió la casa lote ubicada en la calle 12 nº 2-59 y construyó la sala de teatro sobre un diseño elaborado por Santiago García. La nueva sala abrió en abril de 1969 con el estreno de la obra de Bertolt Brecht La Buena alma de Se-Chuan, dirigida por Santiago García.

Además de dramaturgos y actores de teatro, la Casa de la Cultura convocó artistas plásticos, músicos, diseñadores, escritores e intelectuales, en una programación continua y variada que incluía exposiciones, conciertos y recitales con el fin de dar a conocer el trabajo de los artistas pero también buscando acoger a nuevos públicos. Con esta intención organizó en I Festival Internacional de la Canción Protesta, que tuvo lugar en septiembre de 1970. En este Festival, que no tenía jurados ni premios, participaron cantantes de Colombia, Uruguay y Venezuela.

Un nuevo nombre

Ante la proliferación en el país de “casas de la cultura oficiales”; el grupo de Bogotá consideró necesario cambiar de nombre, ratificando su carácter de organización independiente y crítica de la “cultura oficial”. En julio de 1972, la Casa de la Cultura adoptó el nombre del sector de la ciudad en el que está ubicada su sede y desde esa fecha se conoce como Teatro La Candelaria. Con el nuevo nombre, el grupo inició una etapa caracterizada por el proceso de creación colectiva en el montaje de sus obras entre 1972 y 1981. A deferencia del período anterior, en el que Santiago García, Carlos José Reyes, Juan Sebastián y Miguel Torres alternaban en la dirección de las obras representadas, en la nueva etapa un grupo de actores basaban su trabajo en la improvisación y la investigación como herramientas fundamentales de creación.

La primera obra de creación colectiva Nosotros los comunes, basada en el movimiento comunero, fue estrenada el 16 de marzo de 1972, después de diez meses de trabajo. En esta pieza, considerada una de las más importantes realizadas en el país, La Candelaria mostró que el pueblo organizado se constituyó en una fuerza de oposición. Para el mes de julio de 1972, el grupo había representado la obra 90 veces y habían asistido a verla 40 mil espectadores. Ante la exitosa acogida nacional, el grupo realizó una gira de dos meses (agosto y septiembre de 1972) por Chile, Ecuador y Perú. Auspiciada por la Corporación Colombiana de Teatro, el Instituto Nacional de Cultura del Perú y la Universidad Central de Quito, la gira contó con el apoyo del cantante Víctor Jara y del grupo Inti-Illimani. La crítica y los comentarios generales del público calificaron el trabajo del grupo colombiano como uno de los más importantes de Latinoamérica.

El siguiente montaje de La Candelaria fue La Ciudad Dorada, creación colectiva basada en la historia de la familia Pérez, que salió del campo buscando mejores condiciones de vida en la ciudad de Bogotá. En este proyecto, el grupo contó con la colaboración de la Central Nacional Provivienda e hizo un intenso trabajo de campo.

Una obra histórica

El tema de Guadalupe años sin cuenta surgió a raíz de las presentaciones que el grupo de teatro realizó por diferentes pueblos del departamento del Meta, y por el interés que suscitaba la vida de Guadalupe Salcedo, guerrillero que lideró las luchas agrarias en los Llanos Orientales. Seis meses duró el trabajo de campo y la sistematización de la información para la obra. El escritor Arturo Alape colaboró en la elaboración del texto escrito, y los actores Hernando Forero y Fernando Peñuela aprendieron sobre interpretación de música llanera con instrumentos autóctonos. La obra fue estrenada el miércoles 16 de julio de 1975. Un año después, la prensa reportó el triunfo de La Candelaria en la inauguración del Primer Festival de Teatro Popular Latinoamericano, realizada en Nueva York el 5 de agosto de 1976, con la obra Guadalupe años sin cuenta.

En 1978, el grupo ofreció 240 presentaciones para 70 mil espectadores, fue el invitado especial al Festival Mundial de Teatro de las Naciones, en Caracas, y el único grupo extranjero invitado al Festival de Teatro Nuevo de Cuba. La Ciudad Dorada y Guadalupe años sin cuenta fueron representadas en Estado Unidos, Angola, Portugal y Cuba.

Actores y autores

En enero de 1981 Santiago García se retiró de la dirección de la Escuela Nacional de Arte Dramático, considerando que tras cinco años había cumplido su labor y porque tenía el propósito de dedicarle más tiempo a La Candelaria. Comenzó entonces a escribir su primera obra, titulada Diálogo del rebusque, basada en El Buscón de Francisco de Quevedo. El montaje de la obra fue dirigido por el mismo autor y mereció elogiosos comentarios de críticos como Eduardo Gómez, quien destacó “la riqueza del vestuario, la gracia en la actuación y la belleza de las canciones que, en conjunto significaron una tendencia a superar el teatro político”.

La Tras-escena, estrenada en mayo de 1984, fue la primera obra escrita y dirigida por Fernando Peñuela. En ella, el actor-autor retomó aspectos autobiográficos del Teatro La Candelaria y de su situación en el campo cultural colombiano para escribir el guión, en el que entreteje las circunstancias políticas de los personajes con sus inquietudes artísticas. Dos años más tarde, en septiembre de 1986, La Candelaria celebró sus primeros veinte años de vida con el estreno de la obra El viento y la ceniza, escrita y dirigida por Patricia Ariza. La obra escenifica otra historia de los conquistadores españoles en el nuevo mundo, para mostrar el caos de los valores culturales españoles, de los que los habitantes de América heredaron la religión, el idioma y la violencia.

Transcurridos ocho años, en los que algunos actores de La Candelaria asumieron la elaboración de textos para sus montajes, en mayo de 1988 el grupo volvió a presentar una obra de creación colectiva; se trataba de El paso, bajo la dirección de Santiago García. Por invitación del Partido Verde Alemán, representaron esta obra en Berlín, Colonia, Bonn y Darmstadt, y continuaron con una gira por Bruselas y Ámsterdam; con ella también participaron en el Festival Iberoamericano de Teatro de Cádiz celebrado en octubre de 1988 y en los festivales internacionales de Nueva York y Ciudad de México en 1989.

El teatro en el conflicto

La “guerra sucia”, política de exterminio desatada por narcotraficantes y paramilitares tras el frustrado proceso de paz del gobierno de Belisario Betancurt, fue el contexto en el que el país finalizó el siglo XX. Como sucedió con muchas organizaciones sociales durante la década de los ochenta, el Teatro La Candelaria y la Corporación Colombiana de Teatro, fueron allanadas por el Ejército en una operación que buscaba desarticular redes de apoyo a la guerrilla. El lunes 9 de enero de 1989, entre las siete y las nueve de la noche varios soldados y civiles, miembros de la XIII Brigada del Ejército, inspeccionaron las sedes culturales. De la Sala Seki Sano fueron sacadas revistas y algunos casetes, así como un casco militar empleado en las representaciones del grupo La Candelaria.

En los años noventa, algunos actores fueron amenazados y tuvieron que salir del país, pero el grupo continuó en constante creación y comprometido con los procesos sociales contemporáneos, reafirmando lo que Santiago García señaló como característico del trabajo de la Candelaria: “la búsqueda de una forma expresiva de identidad”.

Bibliografía

Concejo del Distrito Especial de Bogotá. Acuerdo 44 de 5 de septiembre de 1968 “por el cual se estimula una obra cultural”. Acuerdos 1968. Números 1 a 53. Bogotá: Imprenta Distrital, 1969.

Duque Mesa, Fernando y Jorge Prada Prada, Santiago García: el teatro como coraje. Bogotá: Ministerio de Cultura, 2004.

Nieto, Adelaida. Esbozo de una historia que continúa: Grupo de Teatro La Candelaria. Monografía de grado. Escuela Nacional de Arte Dramático, Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, D.E.: Mayo de 1982.

Teatro La Candelaria, Teatro La Candelaria 1966-1996. Bogotá: Panamericana, 1997.

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