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La pasión del fútbol

Por: jstorres
Publicado el: Febrero 2018
El Dorado, entre 1949 y 1953, fue una de las épocas más importantes del campeonato profesional de fútbol en Colombia.

En la mañana del 9 de agosto de 1942,  las calles de la ciudad ucraniana de Kiev aparecieron empapeladas con afiches que anunciaban un encuentro futbolístico entre el Dynamo, el legendario conjunto local, y el equipo de la Lufftwafe, la muy entrenada fuerza aeronáutica de los alemanes. Semanas antes, el Dynamo había ganado los tres partidos en que se enfrentó a los equipos de las fuerzas de ocupación y, como era de esperarse, los nazis estaban muy molestos. Entonces, al general Eberhardt –comandante de las tropas- se le ocurrió la idea de un último partido, una revancha, en el que aquellas derrotas quedarían resarcidas por la superioridad deportiva germana.

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Comenzado el partido, Eberhardt se sentó en el palco principal del estadio; seguro de la victoria. Sin embargo, al terminar el primer tiempo, la Lufftwafe ya perdía 2-1. Preocupado, el general se levantó de su silla y caminó muy tranquilamente hasta el vestuario del Dynamo. Allí les advirtió a los jugadores que el equipo de las Fuerzas Armadas Alemanas nunca había perdido, y menos en territorios ocupados. Los “invitó” a dejarse ganar y volvió al palco de honor. Cuando los ucranianos anotaron el quinto gol, la delegación alemana se retiró del estadio….

Al terminar el cotejo, soldados nazis trasladaron a los ucranianos a un paraje cercano y allí mismo, sin fórmula de juicio, ejecutaron al arquero Mykola Trusevich y a los jugadores Ivan Kuzmenko, Olexiy Klimenko y Mykola Korotkikh, autores de los goles al equipo de la Lufftwafe.  Hoy, un monumento frente al estadio de Kiev rinde homenaje al equipo y a los jugadores asesinados tras jugar el que la historia denomina como “el partido de la muerte”.

 

Hay muchas definiciones sobre lo que es el fútbol. Hay algunas emocionales, como que es pasión, pasión de multitudes, el deporte rey; y hay otras poéticas: que es una filosofía, una forma de vida. Y está la de la Real Academia de la Lengua Española, cuya definición simplemente dice que es “un juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuya finalidad es hacer entrar un balón por una portería conforme a reglas determinadas, de las que la más característica es que no puede ser tocado con las manos ni con los brazos”.

Quizás el fútbol es todo eso y mucho más. La tentación de ganar, tal vez la rebeldía y el espíritu patriótico de los jugadores del Dynamo de Kiev, superaron la amenaza de militares que habían dado pruebas de crueldad insospechadas.

“El goleador es siempre el mejor poeta del año”, escribió Pier Paolo Pasolini, en la cumbre del romance entre la literatura y el fútbol. Camus había dicho que el fútbol le enseñó todo lo que sabía. Jorge Luis Borges, sin embargo, sentenció en más de una entrevista que el fútbol era “una cosa estúpida de ingleses”.

El llamado boom de la literatura latinoamericana se acercó al mundo del fútbol, no sólo desde la escritura sino también desde las tribunas. Tras un partido entre Junior y Millonarios, Gabriel García Márquez sentenció: “No creo haber perdido nada con este irrevocable ingreso que hoy hago públicamente a la santa hermandad de los hinchas. Lo único que deseo, ahora, es convertir a alguien”.

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El fútbol colombiano tiene más de cien años, desde cuando entró por Puerto Colombia, por allá a finales del siglo XIX, de la mano, o de los pies, de los trabajadores ingleses que hacían el ferrocarril. Con la creación del campeonato rentado y profesional de fútbol, en 1948, y la llegada del quinquenio en el que se jugó el mejor fútbol del mundo en Colombia, la época de El Dorado- no hay colombiano que no haya vibrado de pasión por su equipo, que no haya reverberado su garganta con el grito de gol y que no recuerde, así sea por boca de sus padres y abuelos, el gol olímpico de Marcos Coll en el mundial de 1962. O el mítico 5-0 a Argentina.

El Dorado, entre 1949 y 1953, fue una de las épocas más importantes del campeonato profesional de fútbol en Colombia. En poco tiempo se conformaron nóminas estelares de jugadores de hasta ocho nacionalidades, algo nunca visto desde entonces. En Santa Fe y Millonarios jugaron argentinos, peruanos, británicos, escoceses, brasileños, costarricenses, lituanos y hasta un japonés. Han pasado casi setenta años, y todavía se recuerda ese periodo con nostalgia.

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