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¿Don Quesada de la Mancha?

Por: jstorres
Publicado el: Marzo 2019
Algunos paralelos entre la vida de Gonzalo Jiménez de Quesada y don Quijote de la Mancha fueron argumentos suficientes que consideró Germán Arciniegas para sostener que el fundador de Bogotá fue el modelo para la creación literaria de la novela más universal.

Por Bernardo Vasco

periodista Archivo de Bogotá

Aunque Gonzalo Jiménez de Quesada pasó a la historia por ser el fundador oficial de Bogotá, y por su sueño trunco de encontrar la mítica ciudad de El Dorado, lo cierto es que las hazañas de este abogado cordobés o granadino en el Nuevo Mundo se quedarían cortas de ser cierta una tesis ya casi olvidada, que lo pone como fuente de inspiración de la primera novela moderna, don Quijote de la Mancha.

En su libro El caballero del Dorado, Germán Arciniegas dice que cuando Cervantes fue liberado de su prisión en Argel y regresó a España a intrigar un cargo se supo en la península la noticia de que había muerto en el Nuevo Reino de Granada el adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada, y que sus herederos estaban organizando un viaje para reclamar una fabulosa herencia.

Siguiendo el argumento del escritor, los parientes de Cervantes se interesaron en las aventuras de Quesada, y hasta el mismo novelista le solicitó al rey Felipe II un empleo en América. Se dice que las aventuras de don Gonzalo en la tierra de los muiscas eran muy comentadas en la familia de los Quesada, con la que Cervantes tenía vínculos y hasta parentescos cercanos. Tratando entonces de lograr una fortuna en el Nuevo Mundo, y conociendo ya las historias de los hermanos Quesada -Gonzalo y Hernán- Cervantes le solicitó al rey un empleo en las Américas, bien como contador del reino en Nueva Granada; gobernador de la provincia de Soconusco en Guatemala; magistrado en la ciudad de La Paz o tesorero de galeras en Cartagena.

Como asegura el historiador Eduardo Santa, “la propia esposa de Cervantes, es decir, doña Catalina de Salazar y Palacios, estaba vinculada con lazos de sangre a don Gonzalo, y de ella y de sus parientes cercanos escucha relatos maravillosos que lo mueven a solicitar ese empleo que, infortunadamente para América y para su literatura, nunca llega. Como tampoco llegó la solicitud de Cervantes a las manos del rey, pues se quedó extraviada en uno de esos tan frecuentes remolinos que van haciendo algunos documentos y solicitudes, en los despachos de todas las burocracias”.

¿Cuáles son esos paralelismos que cita Arciniegas? A Quesada y a Don Quijote les gustan las letras y las armas; también piensan en una lejana Dulcinea que han dejado en Granada y a quien ambos dedican sus hazañas, sueñan febrilmente en la conquista de una tierra fabulosa, Quesada discute sobre poesía y literatura con Juan de Castellanos; Don Quijote lo hace con Sancho.

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Las similitudes aludidas fueron confrontadas por Arciniegas con admirable habilidad, con sutileza, con excelente conocimiento de los dos personajes en cuestión. Tan bien urdidas que, al final del libro, cualquiera que lo lea puede sentirse plenamente convencido”, acota Santa en su ensayo Jiménez de Quesada y don Quijote de la Mancha, publicado en el Boletín de Historia y Antigüedades en marzo de 2005.

Arciniegas aseguraba que Cervantes, buscando un nombre para el protagonista de su novela, tomó el apellido Quesada y lo trastocó sucesivamente en Quijada, Quejada o Quijano, hasta decidirse por Quijote.  De hecho, en el capítulo primero dice Cervantes de su personaje: “Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto no hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba Quejana. […] Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don Quijote; de donde -como queda dicho- tomaron ocasión los autores desta tan verdadera historia que, sin duda, se debía de llamar Quijada, y no Quesada, como otros quisieron decir. […]

A pesar de la tesis mencionada, otros estudiosos afirman que el nombre de la novela provino de Alonso Quijada de Salazar, caballero hidalgo que vivió en Esquivias, España, y que era descendiente de los Gutierre de Quixada (al que se hace referencia en el Quijote en el capítulo XLIX de la primera parte), en una época cuando triunfaban los libros de caballería. Este Alonso fue sobrino del bisabuelo de la esposa de Miguel de Cervantes, Catalina de Salazar Palacios.

Verdad o mentira, no cabe duda de que la primera esposa de Cervantes, es decir, doña Catalina de Salazar y Palacios estuvo vinculada con lazos de sangre a don Gonzalo, y de ella y de sus parientes cercanos escuchó relatos maravillosos que lo movieron a solicitar ese empleo que, infortunadamente para América y para su literatura, como dice Santa, nunca llegó.  “Como tampoco llegó la solicitud de Cervantes a las manos del rey, pues se quedó extraviada en uno de esos tan frecuentes remolinos que van haciendo algunos documentos y solicitudes, en los despachos de todas las burocracias, tan ineptas como indolentes, quizás con el consabido “pase para su estudio”.  

Si hubiese llegado a la Nueva Granada, don Miguel quizás hubiera dejado constancia de sus aventuras por estos lares en su condición de contador de las galeras, cargo que le fue negado por el Consejo de Indias: “en un lugar de la sabana, de cuyo nombre no quiero acordarme”.

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