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La revolución de Doña Marucha

Por: jstorres
Publicado el: Octubre 2018
María Martínez de Nisser (1812-1872) fue una destacada intelectual y combatiente antioqueña que apoyó la lucha independentista.

La historiografía colombiana cuenta entre sus heroínas a personajes como Policarpa Salavarrieta, Antonia Santos y Manuela Beltrán, de quienes se ha destacado su entrega y sacrificio a las luchas independentistas como amantes, madres o esposas.   No obstante, modelos femeninos divergentes fueron descartados y solo hasta hace algunas décadas fueron objeto de cuidadoso estudio, tal como es el caso de María Martínez de Nisser (1812-1872), “Doña Marucha”, destacada intelectual y combatiente antioqueña que se atrevió a contarnos un poco sobre su vida y obra en esta entrevista.

Por Laura Daniela Buitrago

¿María o Ana María?

Quienes han escrito sobre mí me han llamado en ocasiones Ana María a pesar de que los textos que me publicaron fueron firmados bajo el nombre de María Martínez de Nisser. También han afirmado que nací en 1812 y que fui la primogénita del matrimonio entre Pedro Martínez y Paula Arango. Sin embargo, en los libros parroquiales de la catedral de Sonsón, ciudad donde se habían establecido mis padres, se encuentran las partidas bautismales de cinco de mis once hermanos, pero no la mía, así que esas dudas se las dejo a los historiadores.

Fue una familia numerosa

Propia de nuestra época, en donde nacer y vivir era casi un milagro; dos de mis hermanos murieron, tal como lo dejó registrado el padre Francisco José Restrepo en sus partidas bautismales. El resto crecimos en casa junto con Juan Ignacio y María, los esclavos de la familia.

Si tuvo usted servidumbre, tuvo privilegios

Mi abuelo era español, específicamente asturiano, y mi padre sustituyó al director del único colegio de la ciudad, Ramón Echandía, español que tuvo que abandonar su empleo por sus ideas realistas. Ese primer colegio fue fundado en 1807 por el padre Januario Henao, pero era masculino. Uno de mis biógrafos, Roberto M. Tisnés Jiménez, afirma que al ser mi padre maestro, parte de mi educación habría sido en casa puesto que posteriormente se abriría en la ciudad la primera escuela femenina de la ciudad, entonces dirigida por la esposa de Ramón, Francisca Betancur de Echandía, que se habría retirado junto con él. A esta le sucedió Javiera Duque, madre del padre Henao y posteriormente tomó la dirección Braulia Vega Ribón, momposina de familia prestante que se retiró de la dirección y lo dejó a mi cargo. Esa escuela femenina era privada, como muchas de las escuelas a lo largo del territorio por aquel entonces, es decir que se financiaba con los aportes de los padres de las matriculadas.

Una educación excepcional, sin duda

Fue una condición común de algunas de las hijas de las familias más importantes del territorio a finales del siglo XVIII y principios del XIX. En Santafé (hoy Bogotá) se conocían los casos de Manuela Sanz de Santamaría, Francisca Prieto y otras tantas, reconocidas por haber sido educadas en casa por sus padres o por los tutores más importantes de las provincias. Como ellas, yo traducía y citaba textos del francés en mis escritos y conocía de la antigüedad y la actualidad política del momento.

 

Cuéntenos un poco más sobre sus escritos

El más conocido es el Diario de los sucesos de la revolución en la provincia de Antioquia en los años de 1840 i 1841, publicado en 1843 por la imprenta de Benito Gaitán. En este narro lo sucedido entre el 11 de octubre de 1840 hasta el 22 de mayo de 1841 en la provincia de Antioquia durante la Guerra de los Supremos (1840-1841), guerra civil producto del enfrentamiento entre los líderes sociopolíticos de las provincias y el poder representado en José Ignacio de Márquez pues los primeros, reacios a acatar las directrices de gobierno central, se rebelaron contra este y se proclamaron supremos de sus territorios. Yo, que repudiaba el levantamiento contra el gobierno legítimo y colaboraba activamente con quienes lo defendían, me involucré directamente en el conflicto en abril de 1841 tras enterarme de que durante la ocupación de Medellín habían capturado a mi esposo, Pedro Nisser, y estaba encarcelado en Rionegro. Entonces decidí unirme a las tropas del mayor Braulio Henao, que se dirigían hacia Abejorral y luego a Salamina, donde se libraría la batalla que nos daría la victoria. Cuando me uní a los voluntarios, decidí dejar mi ropa y vestirme como soldado, motivo por el cual decidí también cortar mi cabello, espanto total para una de mis hermanas. Aunque mi madre me apoyó, mi padre se opuso en principio debido a que mi estado de salud no era el mejor. Sin embargo, resolvió dejarme ir. También el mayor Henao se negaría en principio, pero luego cedería a mis peticiones y me dejaría acompañar a la tropa. Aunque no me permitieron estar en el campo de batalla, alenté a mis compañeros y colaboré en lo que me fue posible: tejiendo camisas, alentándolos o ayudando a los heridos. El 11 de mayo me reencontré por fin con mi esposo y el 22 llegamos nuevamente a Sonsón. En mi diario cuento en detalle todo esto y más.

¿Fue usted la única mujer que estuvo con la tropa?

No, conmigo estuvo Raimunda Marulanda, esposa del capitán Rafael Macías, así como muchas otras que nos ofrecieron su ayuda durante la campaña. Incluso antes, muchas otras mujeres acompañaron a combatientes en el campo de batalla. Es el caso de las Juanas, mujeres que iban detrás de las tropas durante las batallas de independencia, como cocineras o auxiliares en labores de aseo.

¿Cuáles fueron las mayores dificultades con las que lidió?

Ser mujer, sin duda. Al salir de Abejorral, una persona me propuso volver a Sonsón porque los caminos que transitaríamos eran trochas malísimas. Me ofendió profundamente que considerara que por ser mujer no soportaría las fatigas como los demás o que no era capaz de ser firme en mis resoluciones. Por otro lado, algunas mujeres me propusieron mudar de traje (vestía pantalón colorado y blusa de bayeta verde), lo que me parecía cobarde, pues con mi presencia pretendía animar a los indecisos no debatir mi feminidad. Para otros este gesto fue deshonroso y antinatural. Lorenzo María Lleras llegó a referirse a mi como ramera y prostituta.

En su diario es posible evidenciar un profundo conocimiento de su entorno político, ¿cómo lo adquirió?

Nunca fui ajena a lo que sucedía, no solamente porque las noticias llegaban con regularidad y yo las conocía sino porque hablaba con mi marido sobre ello. Él me contaba en sus cartas sobre lo que sucedía mientras estaba en el campo de batalla y trabajaba para el gobierno central. Elaboró un mapa topográfico de la provincia de Antioquia elogiado por Pedro Alcántara Herrán.

¿Qué fue de su vida luego de tal experiencia?

Por medio del decreto 31 del 4 de mayo de 1481, el Congreso de la Nueva Granada promulgó honores a los vencedores en Salamina. El artículo 4 del texto me otorgó una medalla por mi “heroico y singular comportamiento” que hoy se puede observar en el Museo Nacional de Suecia, pues fue donada por mi esposo, natural de dicho país. Uno de mis biógrafos, Roberto M. Tisnés, afirma que la medalla “por el lado derecho está rodeada de esmeraldas cuadradas, se lee el lema: ‘Libertad y Orden’, y alrededor está grabado: ‘María Martínez de Nisser, del Congreso de la Nueva Granada.’ En la cara posterior hay una inscripción rodeada por una corona de laurel, que dice: ´Vencedora en Salamina en 5 de mayo de 1841. A.M.M.’”. En cuanto a mi vida personal, transcurrió entre Salamina y Medellín. Tuve dos hijos que murieron de corta edad, mi esposo viajó en 1860 a dictar conferencias en Melbourne y en 1877 viajaría a Estocolmo. Sin embargo, fallecería antes de llegar a casa en Kingston (Jamaica) en 1978.

Finalmente, ¿qué le gustaría concluir de su obra?

“(…) Vosotros miraréis con indulgencia, me atrevo a esperarlo, lo imperfecto de la narración que tengo el honor de ofreceros, suplicándoos dignéis aceptar con benevolencia esta débil demonstración de mi sincera gratitud, única razón porque se publica esta relación imperfecta, por la particular distinción con que me he visto honrada concediéndome honores, por un decreto, que tuvisteis la dignación de expedir en mi favor, sólo por haber cumplido los sagrados deberes impuestos por la patria, cuya imagen reverenciaré hasta la última hora de mi existencia, teniendo siempre presentes estas palabras del inmortal Bolívar: ningún esfuerzo por la patria es sacrificio, sólo se cumple con una ley natural.”

 

Referencias

Alzate, Carolina. “María Martínez de Nisser: Una opinión y un cuerpo que se exponen” en Cuadernos de Literatura, Bogotá (Colombia), 13 (25): julio-diciembre de 2008. (24-36)

Fajardo Barragán, Arnovy. “Amor conyugal y pasión por la patria. María Martínez de Nisser y la revolución de los supremos en Antioquia (1840-1841)” en Credencial Historia, N° 276, diciembre 2012.

Tisnés Jiménez, Roberto María. María Martínez de Nisser y la Revolución de los Supremos. Biblioteca Banco Popular, volumen 11, Bogotá, 1983.

Fotografía/Wikipedia

Convenio Interadministrativo No. 2215100-449-2015 (No. 24 de 2015 de ICANH)

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