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¡Viva la Independencia!

Por: jstorres
Publicado el: Noviembre 2018
Para 1910, el entusiasmo por la celebración del Primer Centenario de la Independencia era efervescente. Y Bogotá era el centro de ese espíritu alegre de celebración.

Por Ima Poveda

El Concejo Municipal de Bogotá estuvo muy activo en cuanto a todo lo que se refirió a la conmemoración de nuestra Independencia.

En el tomo de 1910 del Fondo Concejo se puede leer que esta celebración fue tan importante que se conformó la Comisión del Centenario de la Independencia. Una de sus primeras acciones fue ocuparse de “dar digna sepultura a los huesos de Gonzalo Gimenez de Quesada, Descubridor y Conquistador del Nuevo Reino de Granada”

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La ciudadanía no quedó atrás. Estas comisiones se replicaron en los distintos barrios. Las más participativas fueron las de Egipto y Chapinero

 

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Muchos ofrecían sus servicios de ornamentación como Adán Sánchez, que prometió el servicio de iluminación de los edificios públicos. O la Sociedad Colombiana de Ingenieros que propuso hacer una edición de los trabajos científicos y la correspondencia de Francisco José de Caldas.

 

Una de las principales funciones de la Comisión del Centenario de la Independencia era supervisar la calidad de las esculturas que tanto clubes, como empresas o personas respetables regalaban. Por ejemplo, la Comisión Organizadora de la Exposición Industrial y Agrícola de 1910 obsequió la estatua ecuestre de Libertador y el Jockey Club honró la memoria de Camilo Torres con una escultura realizada por Charles Raoul Verlet y el arquitecto Henri Deglane.

 

 La conocida escultura en bronce de Policarpa Salavarrieta (Salabarrieta), realizada por Dionisio Cortés, fue pagada por unas “estimabilisimas matronas y distinguidas vecinas del barrio de Las Aguas, de esta ciudad, llevadas por un patriotismo que las enaltece grandemente y que hará sonrojar a muchos varones, que se titulan colombianos”. El Polo Club regaló una de Francisco José de Caldas, también del escultor Verlet, y que fue colocada en la plazuela de Las Nieves. La Junta del Centenario en el barrio Egipto encargó al exterior un busto en bronce del general Hermógenes Maza (quien dicen vivió gran parte de su vida en este barrio). El Gun Club obsequió a la ciudad la imagen de Antonio Ricaurte y Lozano.

 

La evaluación de estas esculturas y el lugar donde podían ser colocadas, era decisión de Andrés de Santamaría, reconocido pintor colombiano, quien era el Presidente de la Sección Artística. Por la colocación de los distintos monumentos, fueron frecuentes los cambios de fuentes de agua por estas estatuas. Esas fuentes eran pedidas por los habitantes de otros barrios de Bogotá.

 

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Un negocio famoso de la época, la Compañía de Chocolates Chaves y Equitativa, ofreció construir un kiosco en el Parque de la Independencia. Igualmente, la Sociedad de hijos de Miguel Samper construyó un pabellón en este parque.

 

Uno de los episodios de esta conmemoración fue la realización de la edición ilustrada del Acta de la Revolución del 20 de julio de 1810 llamada de “Acta de la Independencia”. Eliseo Medina, quien fue el encargado de elaborar esta Acta ilustrada, pidió que antes se aclarara, por acto administrativo, ciertas situaciones:

 

“1° Que el acta original extendida con ocasión de los sucesos que dieron principio a la Guerra de la Independencia y suscrita por los próceres que concurrieron al Cabildo abierto en la memorable noche del 20 de julio de 1810, fue destruida por el fuego en el incendio del Palacio municipal que se consumó el año de 1900

2° Que el acta publicada en París publicada en París por el doctor Rafael Duque Uribe, que se halla colocada en el solio presidencial del Honorable Concejo, concuerda textualmente con el acta original a que me refiero en el punto anterior, extendida en el libro respectivo de la Suprema Junta y que las firmas litografiadas que se hallan al pie de aquella, corresponden a las firmas autografiadas del original

3° Que el texto de esta acta es auténtico y ha de tenerse como tal en la Historia”

 

La Academia Nacional de Historia, siendo una conmemoración oficial, no podía quedarse atrás. También realizó varias donaciones y organizó homenajes y procesión cívica, como lo hizo la Sociedad Arboleda

 

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Entre las muchas peticiones, estaba esta de editar una historia de los próceres escrita por Rafael Gutiérrez. En el tomo del Fondo está el manuscrito que, al parecer, no fue publicada.

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Una de las consecuencias urbanísticas fue el cambio del nombre de las plazas con el proyecto de acuerdo de 10 de agosto de 1910 que pasó a ser Acuerdo Municipal. En fin, la ciudad entera, de norte a sur, de extremo a extremo, fue protagonista de esta fiesta nacional con conmemoraciones y festejos de diferentes tipos en múltiples puntos, por lo cual tiene estos documentos un gran valor pues reflejan el sentimiento patriótico de principios de siglo XX ¿Quién se anima a ubicar todos estos lugares?

 

 

 

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