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¿Hay otro Carranza?

Por: jstorres
Publicado el: Enero 2019
Eduardo Carranza le sigue hablando al corazón de Bogotá, en la que vivió por muchos años y cuya Biblioteca dirigió hasta el día de su muerte. Aunque su obra ha sido largamente leída y comentada, todavía es posible encontrar “nuevos Carranzas” inexplorados en ella.

Por Orlando Fénix

Pasadas las puertas del siglo XXI, Eduardo Carranza y sus poemas aún generan interés y polémica en el medio cultural colombiano. Unos ven en él la rima deliberadamente fácil; una estética para recitación de enamorados y para generar simpatías en la cultura popular. Otros celebran que represente el corte de amarras con un modernismo de lenguaje dominado por la razón, donde el poema es un producto pulido por la cultura. Su visión de la poesía inclinada al sentimiento y al verso desnudo, sin cultismos ni alambiques, fue una renovación frente a la herencia modernista asociada al preciosismo formal. Otros más, encuentran en sus libros un proceso que lo llevó de emular los grandes modelos de su época a adquirir una identidad propia en el verso elemental y sonoro que vibra con la vida.

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Carranza es visto también como un poeta palaciego, sin embargo, hoy día tirios y troyanos han superado esa ecuación de que lo escrito por alguien "de derechas" es automáticamente malo. Sería injusto decir, por ejemplo, que los textos de un crítico literario son mediocres por causa directa de sus ideas políticas. De igual manera, los poetas, como ciudadanos, ejercen su derecho a tener y defender posiciones políticas y a que su obra artística se defienda sola. Lo que se afirme entonces sobre la calidad literaria de un escritor debe ser sostenible desde los textos de ese escritor. No caemos aquí en la ingenuidad de ignorar el valor que lo biográfico y lo social tengan en el análisis para establecer y entender el lugar de un autor y su obra en la institución literaria; pero este tipo de información está mal usada cuando solo sirve para arrojar sombra sobre la obra desde el prejuicio biográfico o desde las prevenciones ideológicas de quien la analiza.

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En cada nuevo libro del “capitán” de Piedra y Cielo había influencias esperables y también asomaba ya el fruto propio, madurando ante los ojos del lector. La plenitud de lo vivido, lo evocado y lo presentido está en sus temas: la infancia idealizada, el amor, la madre, la naturaleza, la patria, el desencanto, la melancolía, los sueños, los Llanos orientales, las mujeres, el erotismo simbolizado, el olvido y la muerte. Carranza bebía en verdad del río de la existencia, evitando que el verso solo exhibiera erudición literaria y permitiendo que mostrara su humanidad. Buscaba escuchar y ser escuchado con el corazón, quizá sin mediaciones discursivas. Esto era para él también un anhelo colectivo:

"Mi generación poética pone el oído sobre el corazón del paisaje americano, y quiere expresar al hombre americano apoyándose en la tierra ancestral, en los sueños y en la sangre de nuestra gente. Es, generacionalmente, una poesía exenta de exotismo y de temas de cultura"

En sus textos la presencia recurrente de ciertos temas nos hace ver auténticas obsesiones en su poética y en su visión de la vida, la música y el color azul son dos de ellas. El azul cobra coherencia en el contexto de los influjos asumidos por el piedracielismo y de la infancia de provincia vivida por Carranza: naturaleza plena, niñez de cielos abiertos. La música es la presencia que más variaciones formales tiene en sus poemas, unas veces como el mismo ritmo del texto, otras como invocación o canción, en cerradas metáforas y también nombrada directamente. De hecho, el primer libro de Carranza, Canciones para iniciar una fiesta (1936), tiene al final la partitura para piano de un poema suyo musicalizado.

En su estilo había una voluntad de orden, pero esto no le impedía abandonarse a la asociación libre entre imágenes y a una versificación que, aunque reconocible técnicamente, parecía tener un origen puramente emocional. Todo esto le valió ser visto en sus inicios como el poeta primaveral que el país conoció. Sin embargo, hay una parte de la poesía de Carranza sobre la cual vale la pena volcar la mirada y que -aunque suene trillado- “da para una buena tesis”. Un nuevo acercamiento nos muestra poemas con un trabajo estético que configura una poesía de temas y misterios vitales, a los que da un tratamiento algo oscuro, denso, con imágenes ya no tan jubilosas. La muerte y el olvido son trabajadas aquí literariamente por Carranza sin poses de familiaridad artificial sino con la mezcla de desesperanza y aceptación de un hombre de su tiempo. He aquí un fragmento de uno de los poemas que integran esa etapa literaria y que dejan abierta la pregunta ¿Hay otro Carranza?:

"Por el mar, por el aire, por el Llano,

por el día, en la noche, a toda hora,

vienen vivos y muertos, todos muertos

Y sangre arriba vienen nuestros muertos

y desembocan en el corazón

donde un instante salen a las flores,

los labios delirantes y las nubes

y siguen tiempo abajo, sangre abajo:

¡somos antepasados de otros muertos!

(...)

Miro en torno, los ojos entornados:

todos estamos contra el paredón:

solo esperamos el tiro de gracia:

todos estamos muertos, muertos, muertos:

los de Ayer, los de Hoy, los de Mañana...

sembrados ya de trigo o de palmeras,

de rosales o simplemente yerba:

nadie nos llora, nadie nos recuerda.

 

Sobre este poema vuela un cuervo.

Y lo escribe una mano de ceniza."

-Fragmentos de "Epístola mortal" en Epístola mortal y otras soledades.

Publicada en 1975, cuando veía ya Carranza la vida desde la altura de los años, su “Epístola mortal” genera bastante distancia con sus primeros poemas, la actitud ante el mundo que contiene muestra cómo asume la conexión consecuente y directa entre la etapa vital que experimenta y su escritura. La cercanía de la muerte anuncia lo totalizante de su arribo cubriendo todo tiempo, todo lugar, toda criatura: "Por el mar, por el aire, por el Llano, /por el día, en la noche, a toda hora, /vienen vivos y muertos, todos muertos” La idea de que nuestros muertos “desembocan en el corazón” guarda relación con la diferencia entre ser eterno en la memoria social o pervivir en los afectos más seguros y cercanos, los de los amigos. Sin embargo, el corolario de la muerte es el mismo para toda clase de inmortalidad, es el olvido: “sembrados ya de trigo o de palmeras, /de rosales o simplemente yerba:/nadie nos llora, nadie nos recuerda.”

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Un posible Carranza más realista al final de su paso por la historia nos dejaría claro que el tono de celebración y asombro de su inicio literario no comportaba la propuesta de una poética, era ante todo la mezcla de sus arrestos juveniles con la oposición a la fina frialdad de la cual se acusaba al modernismo. Tanto el primer como el último Carranza confirman que siempre fue fiel, en su poesía, a cada etapa que le tocó vivir.

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