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Memoria y monumentos en la celebración del centenario

Por: jstorres
Publicado el: Diciembre 2018
Al conmemorarse 100 años de la Independencia de España, en 1910, el gobierno nacional inició una serie de preparativos para tal fin.

Por Ángela Ovalle bautista

Bajo el gobierno del general Rafael Reyes (1904-1909), se expidió la Ley 39 del 15 de junio de 1907 que ordenaba la solemne celebración del centenario de la Independencia nacional. Para ello, encargó al Gobierno la preparación de los programas y delegó al Ejecutivo la obligación de dar cuenta al Cuerpo Legislativo del cumplimento de dicha disposición.

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Para dar alcance a esta Ley, el Poder Ejecutivo decretó el 22 de octubre de este mismo año, la creación de una Comisión encargada de preparar los programas y las medidas necesarias para la oficial celebración del centenario de la Independencia nacional.

Como parte de la memoria de esta celebración, la Comisión Nacional del Centenario realizó en 1911 la publicación del libro Centenario de la Independencia 1810 – 1910, con el interés de recoger en una crónica todos los sucesos y las festividades realizadas en Bogotá para dicha conmemoración. Con respecto a esta publicación, los comisionados Emiliano Isaza y Lorenzo Marroquín anotan:

“Tal obra atestiguará en lo porvenir el patriotismo con que la generación de 1910 supo honrar a los próceres. Ella será de un valor inestimable para el estadista, el filósofo, el historiador, pues podrán ver allí descrito de un modo gráfico el estado de la civilización de Colombia en la primera centuria de su independencia. Quedan en ellos representados las ciencias, las artes, las letras, el comercio, la industria, la agricultura y la ganadería” [Comisión del Centenario, 1911, p.2].

Esta publicación contiene los pormenores de los festejos organizados entre el 15 y el 31 de julio de 1910 para celebrar el primer Centenario de la Independencia. Al revisar la descripción de cada uno de los eventos llama la atención que, de los 17 días de celebración, en 11 de ellos se llevó a cabo la inauguración de 14 monumentos en 9 sitios de la ciudad de Bogotá:

  • Busto de Antonio Ricaurte en el Parque del Centenario, donado por el Gun Club.
  • Busto de Acevedo Gómez en el Palacio Municipal, donado por la Sociedad de la Unión.
  • Busto de Camilo Torres en el Parque del Centenario, donado por el Jockey Club.
  • Medallones de Fernández Madrid y de Vargas Tejada en el Teatro de Colón, donados por el escultor Juan José Rosas al Jockey Club y por éste al Teatro de Colón.
  • Estatua de Antonio Nariño en la Plaza de Nariño, donada por el Gobierno a través de la Comisión Nacional del Centenario la Comisión.
  • Monumento al Canónigo magistral Andrés Rosillo en la Plazuela de la Capuchina, donado por los vecinos del barrio de San Victorino a través de la Junta del Centenario del barrio San Victorino.
  • Busto de Antonio Nariño en el Salón de Sesiones de la Municipalidad, donado por la Sociedad Tipográfica.
  • Estatua ecuestre del Libertador en el Parque del Centenario, donada por el Gobierno a través de la Comisión Nacional del Centenario la Comisión.
  • Busto de Francisco José de Caldas en la Facultad de Matemáticas e Ingeniería, donado por los alumnos de la Facultad.
  • Quiosco de la Luz en el Parque del Centenario donado por los hermanos Tomás y José María Samper Brush.
  • Estatua de Policarpa Salavarrieta en la Plazuela que lleva su nombre, donada por los vecinos del barrio de Las Aguas a través de la Junta del Centenario del barrio Las Aguas.
  • Busto de Francisco José de Caldas en la Plazuela de las Nieves, donado por el Polo Club.
  • Monumento a los Héroes Anónimos en el Parque del Centenario, donado por la Sociedad de Caridad.
  • Estatua del Mariscal Sucre en la Plazuela de la Capuchina, donada por el Gobierno a través de la Comisión Nacional del Centenario la Comisión.

 

Una de las particularidades es que todos los monumentos fueron erigidos bajo de la figura de donaciones como 'ejemplo de virtud cívica y de espíritu público'.

De los 14 monumentos, solo 3 fueron financiados exclusivamente por el Estado (las estatuas de Antonio Nariño, Simón Bolívar y del Mariscal Sucre), y los demás fueron obsequiados a la ciudad por centros sociales privados, sociedades y juntas barriales, como es el caso del Gun Club, Jockey Club, Polo Club, Sociedad de la Unión, Sociedad Tipográfica, Sociedad de Caridad, Fábrica de Cementos Samper y vecinos del barrio de Las Aguas y del barrio San Victorino.

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Al observar en conjunto las 68 fotografías contenidas en la Urna Centenaria, llama la atención que 22 de ellas corresponden al registro de la inauguración de los mencionados monumentos públicos.  La publicación de 1911 Centenario de la Independencia 1810 – 1910 contiene la reproducción de dichas fotografías, la descripción diaria de los festejos y la recopilación de los discursos proclamados en cada uno de los eventos. En total se recuperaron los 31 discursos pronunciados en la inauguración de los monumentos públicos señalados.

En la lectura de los discursos proclamados en estas inauguraciones se pueden detectar numerosos rasgos comunes tanto en su estructura como en su contenido. Por ejemplo, cuando realizan la reseña biográfica del personaje representado, se alaban sus virtudes, méritos, talentos, hazañas, pero siempre resaltando los sacrificios, esfuerzos, penurias y martirios sufridos.

Estos elogios fúnebres y el tono enérgico de inflamado patriotismo permiten descubrir una recreación del heroísmo. Por eso al indagar y contrastar los términos y adjetivos enunciados en estos discursos es posible detectar cuál era el modelo de ciudadano que se quería reivindicar, cuáles eran aquellas cualidades humanas dignas de imitar y venerar, cuál era la sociedad deseada y cuáles eran esas virtudes heroicas idealizadas. Por ejemplo, son recurrentes las alusiones al sacrificio, el cumplimiento del deber patrio, la valentía, el martirio, la religiosidad, la resolución, la tenacidad, la laboriosidad y el servicio de la patria, por mencionar algunas.

Los discursos también presentan ideas comunes en cuanto a los monumentos como altares y templos erigidos para rendir un culto público y un homenaje de admiración y gratitud a los próceres de la Independencia. Todos los discursos de inauguración coinciden en dos intereses expresos: honrar la memoria y servir de instrumentos de pedagogía ciudadana.

Alrededor de estos dos intereses que se repiten constantemente, se suman las intenciones de: 'consagrar y glorificar a los fundadores de la República', 'alabar y celebrar sus hazañas', 'premiar sus esfuerzos', 'aplaudir sus méritos', 'cumplir un deber de gratitud filial', 'tributar un merecido reconocimiento', 'alabar públicamente', 'interpretar los sentimientos patrióticos', 'rendir un tributo y ofrenda de gratitud popular', 'dar público testimonio de patriotismo', 'conmemorar hechos gloriosos', 'honrar a sus hijos muertos e inmortalizar sus nombres'.

Para qué un monumento

En el papel que cumplen los monumentos con respecto al concepto de memoria, el mismo término “monumento” se deriva del latín monumentum que significa “recordar o conservar la memoria de algo”. Esta palabra latina, a la vez se deriva del verbo monere (avisar, recordar, iluminar, instruir) y está vinculada a la raíz indoeuropea men (mente) y menini (memoria). Françoise Choay señala que el término monumento designa a todo artefacto edificado para eternizar el recuerdo de cosas memorables, para acordarse de o para recordar a otras generaciones determinados eventos y personajes. Por eso juega sobre los dos registros de la memoria: confirmar una historia o hacer revivir un pasado muerto (Choay, 2007, p.12 y 16).

Precisamente, los términos más recurrentes en los discursos pronunciados son memoria y recuerdo, los textos están colmados de expresiones como: 'monumento consagrado a la memoria', 'para honrar la memoria', 'para que viva en el recuerdo', 'para traer a la memoria', 'rendir culto a la memoria', 'ensalzar la memoria', 'consagrar con el recuerdo', 'tributar a la memoria', 'perpetuar la memoria del histórico hecho', 'dedicar al recuerdo', 'examinar con la luz de la memoria el recuerdo', 'rememorar', 'venerar la memoria', 'tributar ofrenda a la memoria', 'recordar las glorias', 'guardar su memoria', 'recordar un pasado glorioso', 'elevar a la memoria o evocar gloriosos recuerdos'.

De esta forma, los monumentos como instrumentos de memoria pública son utilizados como dispositivo para visibilizar, transmitir, teatralizar y ritualizar el recuerdo, con el objeto de que permanezca vivo y presente para las generaciones actuales y futuras. Para ello, también se apela a las ideas de 'vencer el tiempo y el olvido', 'de luchar contra la amenaza y el temor a la pérdida y al olvido', 'de salvar de la ley avasalladora del olvido y de sacar del sepulcro del olvido muchos nombres dignos de figurar en nuestra historia'.

Además de este fin conmemorativo, también aparece en los discursos proclamados la intención y el anhelo de que los monumentos sirvan como documentos de pedagogía pública, lo cual está ligado a “la idea ilustrada de realizar una labor educadora del ciudadano a través del monumento” (Maderuelo, 1994, p.39). Varios factores favorecen este carácter de “educador cívico” del monumento, entre ellos, su potencial visual y testimonial, su facultad evocativa, el culto rendido a los monumentos, la validez, estimación y aceptación general y su emplazamiento en un contexto cotidiano y público que ofrece la facilidad del acercamiento masivo y colectivo.

En esta función educadora, se insiste en el monumento como un lugar de transmisión de lecciones, ejemplos y conocimientos a través de sus referencias históricas, inscripciones y de la exaltación de los valores que encarna e ilustra. En los discursos de inauguración encontramos al respecto alusiones al monumento como fuente de inspiración y ejemplo, como modelo de heroísmo, huella de saludables enseñanzas y elemento de propaganda cívica y patriótica.

Por último, frente a este carácter conmemorativo, surgen varias inquietudes sobre los nuevos dispositivos de las celebraciones patrióticas. Si antes se celebrará con monumentos públicos ¿cuáles son los actuales mecanismos de conmemoración? ¿cuáles son los valores que se están promocionando o subrayando? ¿cuáles son las nuevas intermediaciones y los nuevos promotores? ¿cuál es el papel de la ciudadanía? ¿cuáles son los símbolos y personajes incluidos? ¿tiene vigencia el rol del personaje? ¿sigue siendo el monumento un lenguaje efectivo? ¿existen personajes de la ciencia, la cultura o la religión tan incuestionablemente merecedores de un monumento público?

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