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Microorganismos en archivos

Por: jstorres
Publicado el: Diciembre 2018
El Archivo de Bogotá ha adelantado desde hace varios años una serie de investigaciones sobre la presencia de microorganismos en bibliotecas y archivos de la ciudad, para prevenir el deterioro y enfermedades asociadas a estos.

Por Mónica Adriana Páez Castillo

Microbióloga, especializada en Ciencia y Tecnología de Alimentos.

Dada la importancia de la conservación del patrimonio documental de la ciudad, el Laboratorio de Física, Química y Biología de la Dirección Archivo de Bogotá lidera, dentro de los procedimientos de monitoreo y control de condiciones ambientales y de investigación en ciencia, tecnología y apropiación del conocimiento, diferentes actividades que contribuyen a la conservación preventiva de los archivos y bibliotecas del Distrito Capital.

La conservación se puede definir como: “Todas aquellas acciones que tienden a evitar los posibles daños futuros de un bien cultural, gracias al conocimiento previo y al control de los riesgos potenciales de deterioro”.

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Los conocimientos de los factores de deterioro llevan a implementar en las entidades, una adecuada política de conservación, basada en planes a largo plazo, con el objetivo de tener menos restauración y más prevención.

Los principales factores de alteración que amenazan las instituciones públicas archivísticas y hasta las bibliotecas familiares donde seguramente hay guardados documentos antiguos que no han sido conservados en las mejores condiciones, se pueden dividir en dos grandes grupos: extrínsecos, o externos, e intrínsecos o internos, estos últimos causados por los componentes inestables propios del material documental.

Se consideran factores externos aquellos ambientales como la temperatura, humedad relativa, luz, los contaminantes atmosféricos (gases) y concentración de polvo. Así, por ejemplo, la presencia de microrganismos, ácaros, polen, cenizas, degradan directa o indirectamente los diferentes soportes documentales. Al ser completamente imprevisibles y de incidencia masiva, producen diversas alteraciones, ocasionando debilitamiento y pulverización de los soportes, manchas, decoloración, reblandecimiento del encolado, fragilidad, deformidad y pérdida de resistencia estructural, así como la acumulación de suciedad y oxidación.

Del gran mundo microbiano, los hongos constituyen un grupo muy numeroso de organismos, de los que se han descrito aproximadamente 500.000, pero se estima que pueden existir entre 1 y 1,5 millones de especies. Estos se encuentran ampliamente distribuidos en la naturaleza, contribuyendo a la descomposición de la materia orgánica y participando en los ciclos biológicos.

Inicialmente, los hongos fueron clasificados dentro del reino Plantae ya que fueron considerados organismos inmóviles que presentan estructuras que se asientan firmemente en el sustrato sobre el que crecían. Sin embargo, los estudios taxonómicos utilizando las herramientas de la Biología molecular han mostrado que éstos organismos están más próximos al reino Animalia que al Plantae.

Los hongos representan una auténtica plaga que se dispersa por los documentos. Degradan los componentes orgánicos como madera, pieles, cola, papel y otros componentes de los libros y archivos, mediante la producción de sustancias propias de su metabolismo (enzimas, ácidos, entre otros) proliferando y causando el biodeterioro. Sin embargo, algunos de estos organismos pueden ser utilizados en el campo de la conservación y restauración documental, gracias a su capacidad de producir enzimas. Así, por ejemplo, se han empleado diferentes tipos de proteasas para la remoción de colas (adhesivo de tipo proteico y de origen animal) en diferentes materiales de archivo, incluyendo obras de arte.

Condiciones ambientales desfavorables en términos de conservación documental y salud ocupacional como una humedad relativa (mayor a 65 %) y temperatura (superior a 22 °C), combinado con la presencia y acción de los microorganismos (hongos y bacterias) provocan el más alto riesgo de biodeterioro para los soportes documentales.

En el laboratorio, los hongos crecen fácilmente en la mayoría de los medios de cultivo, sin presentar requerimientos nutricionales especiales. Esta facilidad para crecer en cualquier medio, combinado con la rápida dispersión por el aire de sus estructuras reproductoras -las esporas- hace que sean altamente contaminantes y resistentes a los ambientes desfavorables. El crecimiento de los hongos en forma de micelio (conjunto de filamentos y un trozo del mismo se denomina hifa), permite que se extiendan rápidamente por la superficie del papel y ocasionen un efecto mecánico que se traduce en debilitamiento de las fibras y una mayor fragilidad. A esto se suma la producción de pigmentos de diferentes colores y tonalidades, que alteran estéticamente los soportes.

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Investigaciones en el Archivo de Bogotá

Desde al año 2004 la Dirección Archivo de Bogotá ha venido evaluando la calidad microbiológica de los archivos distritales y su incidencia en el estado de conservación documental, mediante la implementación del procedimiento de monitoreo y control de condiciones ambientales. Hacia el año 2006, se inició la creación del cepario o colección de hongos, a partir de muestras de origen ambiental y documental, el cual ha venido conservándose en las mejores condiciones de viabilidad y pureza, mediante la utilización de diferentes técnicas. En general, los métodos de conservación difieren según el tipo de hongo y el estado biológico del mismo que se pretende conservar (micelio o esporas). En el laboratorio se usa la técnica de crioconservación a largo plazo con glicerol, el cual impide la formación de cristales de hielo durante la congelación, evitando la muerte de las estructuras reproductoras.

Las muestras ambientales son obtenidas con un equipo muestreador microbiológico de aire, el cual toma un volumen conocido de este a una velocidad determinada, sobre una placa de cultivo específica para hongos. Las cepas de las muestras documentales son recolectadas de diferentes soportes con biodeterioro visible, incluyendo libros antiguos de la época de la Colonia y documentos no históricos de importancia institucional.

La creación del cepario implica el almacenamiento de la cepa aislada de la muestra biológica de origen. Los microrganismos se recolectan en el medio de cultivo, el cual es simplemente un gel o una solución que contiene los nutrientes necesarios para permitir, en condiciones favorables de pH, temperatura y demás factores, el crecimiento de estos.

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Las cepas de hongos que se encuentran depositadas en la colección de la Dirección Archivo de Bogotá representan un invaluable patrimonio para las investigaciones micológicas, a nivel de identificación taxonómica de los hongos que deterioran los acervos documentales, caracterización de enzimas celulolíticas, proteolíticas y otras con posible uso biotecnológico.

Durante los últimos dos años, la Dirección Archivo de Bogotá, en conjunto con el Centro Internacional de Física, ha logrado la identificación de género y especie de 100 hongos, mediante la aplicación de técnicas de biología molecular. Hasta el momento se han identificado los géneros de mayor prevalencia que han sido reportados como agentes del biodeterioro documental. Lo anterior ha permitido avances significativos en el campo de la micología molecular, específicamente en la caracterización de cepas y detección de patógenos y su identificación.

Entre los hongos conocidos como mohos, que se han identificado en el laboratorio y que atacan con más frecuencia los bienes culturales de Bogotá, se encuentran los géneros: Penicillium sp, Aspergillus sp, Fusarium sp, Cladosporium sp, Chaetomium sp, Trichoderma sp, Alternaria sp, Mucor sp, Phoma sp, Curvularia sp, Botritis sp, Stachybotrys sp, entre otros. Muchos de estos géneros pueden poner en riesgo la salud del personal en archivos y bibliotecas, lo cual se presenta cuando se manipula documentación con alto grado de biodeterioro. Las esporas de los hongos entran al cuerpo por inhalación y producen enfermedades respiratorias como asma, rinitis, lesiones en la piel, como dermatitis, pérdida del cabello, conjuntivitis, entre otros males.

Además, varias de las especies encontradas pueden ser productoras potenciales de micotoxinas (del griego mykes, mukos, que significa “hongo” y del latin toxicum “veneno”). Estas sustancias son metabolitos secundarios de naturaleza química variada. Las toxinas más comunes son producidas por especies de los géneros Aspergillus, penicillium, Fusarium, Alternaria y Stachybotrys. Por ejemplo, Stachybotrys chartarum es muy común en edificios en madera con problemas de humedad, en donde se le asocia con alergias e inflamaciones del sistema respiratorio.

El género Cladosporium es considerado por muchos especialistas como uno de los géneros fúngicos prevaleciente en el mundo (Levetin, 2002), puesto que puede aislarse, tanto del aire, como de diferentes soportes. Muchas especies son patógenos de plantas o saprofíticas, aunque algunas otras son perjudiciales para el hombre, produciendo lesiones en piel, como las asociadas a la especie Cladosporium carrionii (Payam and Ramanathan, 2004). Cladosporodium cladosporoides se asocia con infecciones cutáneas, oculares y nasales (Vaillant, 1996).

La mayoría de especies se consideran alérgenos importantes, ya que sus esporas y fragmentos de hifas son capaces de provocar estados alérgicos como asma y neumonía. Es uno de los primeros géneros fúngicos que se encontró en los ambientes interiores, incluyendo el ambiente de almacenes colecciones y fondos documentales de archivos, bibliotecas y museos (Maggi et. al., 2000; Abbott, 2002; Lignell, 2008;). Este hongo , junto con Penicillium y Aspergillus, son los de mayor prevalencia encontrados en los archivos distritales y en menor grado en las áreas técnicas de la Dirección Archivo de Bogotá.

El género Trichoderma es un microorganismo celulolítico que tiene una gran capacidad enzimática para degradar diversos componentes del papel como la celulosa, tintas orgánicas, aditivos (encolantes) y almidón entre otros, dejando como consecuencia daños por debilitamiento del material, ocasionando pérdidas progresivas o faltantes, incluso hasta la degradación total del soporte.

Muchas de las manifestaciones clínicas del personal que labora en los archivos y bibliotecas constituyen lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha definido como Síndrome del Edificio Enfermo: “Conjunto de enfermedades originadas por la incidencia de factores físicos, químicos y biológicos, en donde se destaca la contaminación excesiva de organismos biológicos (hongos, bacterias, virus, etc.), los cuales generan síntomas variados como: nauseas, mareos, e inflamación de las vías aéreas (Zotti et al, 2008, Bishop, et al. 1985).

Así, para disminuir los riesgos de salud, frenar el impacto negativo del medio ambiente, asegurar la permanencia y facilitar el acceso a la información de las colecciones documentales, es importante diseñar políticas de conservación preventiva que incluyan el control ambiental, las condiciones de almacenamiento de los documentos, procedimientos para proteger las colecciones, la formación y concientización del personal que maneja directamente los archivos y de los usuarios, quienes también son responsables del uso adecuado y sano de los documentos.

BIBLIOGRAFIA

Abbott, S. P. (2002): «Molds and other fungi in indoor environments. Summary of biology, known health effects and references». Disponible en el sitio web <http://www.precisionenv.com/PDFS/Indoor- Molds1.pdf>.[recuprado el 30/09/2003].

Bishop, Vl.; Auster, De.; Vogel, Rh. (1985) The Sick Building Syndrome. What it is and How to prevent it. Nat. Safety Health News.

Lignell, U. (2008): Characterization of microorganisms in indoor environments, Publications of the National Public Health Institute KTL A3/2008. Finland: University of Kuopio.

Maggi, O., A. Persiani, F. Gallo, P. Valenti, G. Pasquariello, M. C. SClocchi y M. scorrano (2000). «Airborne fungal spores in dust present in archives: proposal for a detection method, new for archival materials», Aerobiologia.

Payam, F., y K. Ramanathan (2004): «Fungus of the month: Cladosporium species», The Environmental Report EMLab, Gallup, D. (Chairman), vol. 2, no. 4. Disponible en el sitio web <http://www.emlab.com/>.

Zotti, M, Ferroni, A, Calvini, P (2008). Microfungal biodeterioration of historic paper: Preliminary FTIR and microbiological analyses. International Biodeterioration & Biodegradation 62.

Vaillant, M. (1996): «A work aimed to Project the health of the documental heritage conservators», International Conference on Conservation and Restoration of Archive and Library Materials Pre-prints.

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